lunes, 18 de julio de 2016

Efectos de la estimulación magnética transcraneal en el dolor crónico y fibromialgia

Dr. Marcello G. Meli

El dolor está en el cerebro. Éste es el centro donde toda la información relativa a un daño o a una lesión es procesada y revelada bajo la forma de una "sensación" desagradable. Tanto es así que somos capaces de percibir dolor incluso antes de que un mecanismo lo produzca.


Este concepto, del cerebro como estación última de la sensación dolorosa, no es nuevo para la medicina. A principios de 1900 ya se practicaban cirugías para desconectar vías neuronales con la idea de reducir el componente emocional del dolor, y se practicaban intervenciones para lesionar definitivamente zonas de la médula espinal para reducir la entrada de estímulos dolorosos al cerebro. Gracias a una mayor disponibilidad de medios tecnológicamente avanzados, se ha pasado a estimular eléctricamente las áreas del sistema nervioso central críticas para la generación del dolor, evitando tener que efectuar lesiones irreversibles. Los modernos dispositivos se implantan a nivel medular o cerebral pudiéndose programar desde el exterior del cuerpo. Con sus impulsos modulan el dolor que entra porque interfieren con la transmisión nerviosa.

Por supuesto siempre ha sido muy atractiva la idea de poder disponer de una máquina que envíe señales e impulsos al cerebro desde el exterior del cráneo, sin necesidad de crear accesos ni de implantar algún dispositivo en el interior del cuerpo entre las marañas neuronales. Os invito a mirar este vídeo para constatar cómo los campos magnéticos pueden interferir sobre la actividad eléctrica, en este caso la que se produce en el cerebro.

¿La máquina que cura el dolor ya está aquí? Llegar a esta conclusión es muy tentador, pero falta camino. Los datos ciertos son que la tecnología ya está disponible en el mercado y que es conocida como "estimulación magnética transcraneal". Está siendo investigada principalmente por sus posibles aplicaciones sobre la depresión resistente a los fármacos, la neurorehabilitación, el dolor crónico y la fibromialgia... El principio es simple: el magnetismo puede interferir sobre el dolor porque este se basa en un fenómeno eléctrico. Es cierto, durante la estimulación el dolor cesa. La estimulación magnética puede interferir sobre las porciones superficiales o profundas del córtex y puede excitar o inhibir la transmisión según se usen altas o bajas frecuencias.

Quedan muchos rompecabezas por resolver, como las regiones corticales a estimular, los parámetros de estimulación, durante cuánto tiempo, cuántas sesiones...

Para saber un poco más hemos cogido una publicación de la revista Pain Practice que revisa 163 artículos, es decir, un meta-análisis.

Los resultados indican un aumento significativo del parámetro "calidad de vida" tras un mes del comienzo del tratamiento. También se observa una tendencia favorable en relación al dolor que, desde el punto de vista de la estadística, no es significativo.

La literatura se enriquece a diario de nuevos estudios sobre esta prometedora tecnología, ofreciendo resultados sobre el dolor muy esperanzadores. Los problemas que encuentran los investigadores son las enormes variables a considerar, tanto desde el punto de vista de la enfermedad (el dolor a tratar, la persona...) como de los numerosos parámetros que hay que predefinir en el equipo. No obstante, no me cabe duda de que estamos ante una herramienta que en el futuro próximo entrará en la práctica diaria para la cura del dolor crónico y de la depresión. Además de poder ofrecer nuevos datos sobre el funcionamiento de nuestro cerebro.

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